Cuenta la leyenda que fui engendrada en los bosques de mi patria por un misterioso duende. Llevo en mis venas sangre gitana y vasca, y por eso mi madre, aficionada a la quiromancia, me llamó Naamah, como el controvertido duende protector de músicos y adivinos que robó la llave del conocimiento secreto y se filtra en los sueños de los hombres para crear las fantasías sexuales.
Ha de ser por eso que siendo una niña ya era lo que se denomina una psíquica intuitiva